En lo que va del fin de la dictadura al primer
gobierno frentista, 2004, todas las estratagemas del estancamiento político
social se basaron en ir aumentando las
dificultades para el acceso del Frente al Gobierno. Pero aún con las
adaptaciones a medida de la constitución, con la imposición de la segunda
vuelta, se llegó.
En el año 2004 las cosas quedaron así:
P.C. P.N.. FA OTROS
10.56% 34.30% 50.45% 4%
Coaligados Rosados:44.86%
Para la siguiente 2009.
17.02% 29.07 47.96% 6%
Coaligados Rosados: 46.72%
En la primer elección el F.A. accede cinco
intendencias, que luego pierde debido al entrecruzamiento de votos blancos y
colorados que preludian lo que vendría luego, el partido de la concetación,
embrión local del partido rosado que no va
a faltar a las elecciones del 2015 o a mas tardar el año 2020.
El viejo
sistema de componendas y compra de influencias se replegó tras las derrotas obtenidas, pero se
atrincheró tras las mayorías especiales que impiden a la mayoría gobernante
participar en la designación de los órganos de contralor, miembros de la
suprema Corte de Justicia o determinadas venias especiales, o iniciar procesos
de reforma constitucional. Para todos estos eventos se requieren mayorías
especiales creadas por quienes detentaron el bipartidismo del siglo XX, de tal
forma de que las reformas constitucionales, para el caso de la de 1966, cuando
los partidos, aún siendo coaliciones múltiples, se repartían por escaso margen
el cada uno el 80% del electorado, por
ejemplo, para el año de esa reforma, P.C 49.32% P.N
40.34% Los tres quintos de sufragios
necesarios para reformar la constitución lo aportaron las alianzas de los
sectores de ambos partidos, que se dividieron en la interna, pero que sumados
lograron imponer la reforma denominada “naranja”, que es a grandes rasgos la
vigente con sus recientes modificaciones realizadas por acuerdos parlamentarios
que requirieron los dos tercios,(66%) de los miembros de cada cámara y luego
ser refrendados en plebiscito , 35% del
cuerpo electoral.
Todos estos mecanismos partían del supuesto que los
partidos eran verdaderas coaliciones (cooperativas de votos) que eran maleables a los acuerdos
transversales y por otro lado, dejaban abierta a la pereza del elector y a su
voto mas militante , la resolución de tema en el plebiscito. Así se hicieron, a
medida de las circunstancias media docena de reformas en el siglo XX.
Los partidos inventores de este aparato de la
coparticipación, de las cooperativas de votos institucionalizadas en el “doble
voto simultáneo”, contaban con la certeza de lograr acuerdos partidarios intersectoriales para la conformación de los
órganos de contralor o para reformar las reglas de juego institucionales,
minimizando en el siglo XX las rupturas, que como en el caso de la de 1933, fue
suturada mediante los acuerdos partidarios que trajeron la reforma del año
1934. Luego vendría otro golpe de estado partidario, el de 1942, que se
institucionalizara mediante las modificaciones constitucionales de 1942, “pacto
del chinchulín”.
En el siglo XXI el Uruguay comienza a salir del
marasmo, del estancamiento impuesto durante sesenta años, pero los instrumentos
institucionales siguen siendo los mismos que custodiaron esa inercia.
Aunque el siglo XX realmente empieza con la
constitución de 1917, porque la constitución primigenia,1830 no había sido
prácticamente aplicada y menos respetada por los sucesivos motines militares
,invasiones y guerras civiles, la clase doctoral que todo lo plasmaba en letra,
incluso sus ambiciones, logró crear un departamento, el de Flores, para , según
requería aquella carta , inventar un senador más, imprescindible al momento de
votar al presidente cuya elección era indirecta , realizada por el senado. Y
así llegó Máximo Santos a la presidencia. Estas mañas no las perdería nunca el
sistema bipartidista instaurado en el país, al punto que en tiempos mas
recientes, bajo el gobierno de Jorge Batlle, para aceitar la coalición rosa, se
inventó el ministerio de deportes para darle una secretaria a los
colaboracionistas blancos, que cayo en la persona del Sr. Jaime Trobo. Una
modesta secretaría armada sobre la modesta y postergada Comisión Nacional de
Educación Física. Pero eso duró lo que duró Batlle, el F.Amplio eliminó dicha
secretaría al fusionar sus cometidos con
los del Ministerio de Turismo.
Por estas razones es imprescindible que los frentistas
se pongan al hombro la tarea de lograr superar las mayorías parlamentarias
actuales, a ras, sinó llegar a contar con mayorías especiales propias, o
sea tener el 60% de los parlamentarios.
Porque de lo contrario habremos llegado al “ultimo apretón de esta faja institucional”
que constriñe el crecimiento en tamaño y calidad del país.
La reforma total del estado, parcialmente lograda dentro de estos límites
institucionales, requiere de mayorías propias para consolidarse.
Adecuar al país al siglo que corre, no al de l siglo
XIX, con sus diecinueve departamentos anquilosados, que no obedecen a ningún
requerimiento productivo y de desarrollo. Departamentos que se quedaron en el tiempo de las repartijas de
jefaturas entre los partidos que ensangrentaban las praderas, para el reparto
de senaturías.
La inserción regional y mundial del país no soporta
más esta situación, que mal podemos darle vueltas al asunto, el único partido
que puede cambiar, como ha empezado ha hacerlo dentro de los límites impuestos,
es el Frente Amplio. Lo otro es el retroceso y el estancamiento, puesto que
es volver a donde nos dejaron en el
2002, vaciados, con décadas de no inversión pública, sin trenes, deformados por
las políticas económicas neoliberales, devenidos en rentistas. Teniendo la
clase rentista mas de 8.000millones de dólares en el exterior, hubo que apelar
a la inversión extranjera para dinamizar la economía de un país al que tomamos
con un endeudamiento del 100% del PBI ANUAL, reduciéndolo a la fecha a un
24%.¡No invertían, mangaban para mantenernos en el circuito de la timba
internacional, pagando intereses contrayendo más deuda y más deuda!¡en el “2002
quebramos!
Se impone un cambio en la calidad institucional del
país. Un nuevo diseño para el Uruguay de este siglo que comienza.
Si tras estos períodos no quedan modificaciones
institucionales profundas que desmantelen para siempre el viejo régimen del
acomodo y la componenda oligárquica, cuyo exponente mas claro se observa en la
situación de los medios, la de las economías partidarias, la de las
responsabilidades personales y patrimoniales de los gobernantes, el derecho al
voto voluntario de los uruguayos de la diáspora que se sienten aún
comprometidos con la suerte de sus familias y del país, etc.
Si el tedio y la comodidad nos anonadan, no solo habremos perdido esta
década, se perderán las siguientes y el país volverá a expulsar a su gente, a
mediatizar su desarrollo al nivel de subsistencia que lo mantuvo estancado por
sesenta años.
Porque, a no quejarse, si viene Luis I* candidato del
Partido Monárquico que trabó acuerdo de
principios con el Partido Nacional, mas vale que
empecemos por renovar los pasaportes o estar al día con la previsora.
Como decían en tiempos pasados, “que nos pille confesados".
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